viernes, 6 de noviembre de 2020

Biología gloomita-Capítulo 9

 

Groaaco

 

Los groaacos son gigantescas criaturas que en su etapa adulta pueden llegar a medir diez metros de alto y quince de largo. Se desplazan por el desierto pedregoso sobre una docena de patas mantienen su cuerpo protegido bajo un caparazón plateado formado por placas de gran dureza. El groaaco posee dos pares de extraños “ojos” (más similares a rubís que a cualquier otra sustancia) que se encuentran a cada uno de los dos lados de su cabeza, simulando unos globos oculares de materia orgánica. En cuanto al resto de sus sentidos, se desconoce si el groaaco posee una capacidad auditiva, olfativa o cualquier otra que pueda suplir su falta de vista, por lo que hemos de asumir que estas gemas le proporcionan percepción del entorno de alguna forma que escapa a nuestro entendimiento.

Gracias a su poderoso sistema digestivo, el groaaco puede nutrirse con gran número de sustancias, sin embargo, ninguna de estas es orgánica pues son los metales, gemas y minerales aquellas que componen la raíz principal de su dieta. Este hecho hace que el groaaco sea una presa muy preciada entre los cazadores lysandros. Abatir a una de estas criaturas es extremadamente difícil, pero de conseguirse la posibilidad de que en el interior del estómago del groaaco haya un auténtico tesoro está casi asegurada.

Y es que no solo guardan un tesoro en su interior, sino que el propio cuerpo del groaaco puede ser considerado uno. La relación de durabilidad y peso de la coraza del groaaco la vuelve el mejor material con el que fabricar armaduras y armas. Si un lysandro se cubriera de pies a cabeza con la coraza del groaaco es muy probable que llegase a estar mucho mejor protegido que tras una pared de gloomita. Este preciado material suele conseguirse habitualmente a raíz de la recolección de los cadáveres de groaaco usualmente fallecidos tras una pelea con un semejante. Encontrar una de estas moles muertas no es un hecho usual, pero en la actualidad, por fortuito que sea su encuentro, supone la mayor fuente de este material. Aunque sí es cierto que en ocasiones los Oscuros organizan competiciones para dar caza a estas criaturas, sobre todo si alguno de ellos ha sido avistado recientemente dentro del área de influencia de alguna de las ciudades. Al fin y al cabo, por formidables que resulten estas bestias, poco pueden hacer contra el Tirano de cualquier ciudad de Gloom.

*En una ocasión conocí a un grupo de cazadores lysandros que tuvieron la amabilidad de no de contarme, sino mostrarme, cómo se caza a los groaacos. Me llevaron hasta un nido de groaaco “oculto” entre un bosque de svamps, reconocible por los muchísimos hongos que se encontraban derribados por el groaaco. Fueron los cazadores quienes me revelaron que, lejos de lo que pueda parecer, los groaacos no destruyen svamps de forma indiscriminada, sino que lo hacen para impedir que los depredadores encuentren su nido.

El groaaco tiene unas dimensiones tan enormes que seguir su rastro es muy sencillo, por lo tanto, la criatura ha de tener una gran inteligencia para ser consciente de este hecho y tenga un método tan elaborado para suplir el problema.

Una vez en el nido me mostraron las pupas de grooaco, blancas, encogidas sobre sí mismas y de un tamaño mucho más reducido que un groaaco adulto. Las pupas no poseen la dura coraza de los groaacos adultos, es por ello que los cazadores aguardan varios ciclos florales hasta que el groaaco pierde el estado de pupa y desarrolla la coraza, siendo aún más sencillo de cazar que un espécimen de mayor edad.

 

Aunque el groaaco no sea un animal carnívoro, esto no lo vuelve menos peligroso para los transeúntes de los caminos. Pese a su naturaleza errabunda en busca de alimento, los groaacos son bestias extremadamente territoriales y puedo asegurar que atacarán con gran ahínco a cualquiera que su instinto perciba como un intruso. La forma de ataque del groaaco carece de complejidad, pero no por ello es menos efectiva. Bien embisten contra sus enemigos con gran velocidad, bien utilizan su enorme peso para aplastarlos con sus patas. Es su terrible fuerza y tamaño, unido a la gran durabilidad del exoesqueleto, lo que las convierte en unas terribles armas de asedio vivientes.

*Si bien han existido algunos valerosos intentos para tratar de domesticar a estos seres, todos ellos han resultado en fracaso. En contadas ocasiones se consiguió que al menos la criatura perdiera en gran parte su agresividad y no atacase a sus domadores, no obstante, las bestias eran tozudas y no atendían a ningún tipo de orden, por simple que esta fuese. Es posible incluso, que su agresividad jamás fuese domada y que la bestia se acostumbrase a la presencia de su domador de tal forma que no lo percibiese como una amenaza.

Desafortunadamente, la razón que hizo que se desistiera en domesticar a estos seres fue sencillamente su caro mantenimiento. Alimentar a la bestia con valiosas materias primas o, literalmente, el dinero de la propia ciudad resultaba extremadamente oneroso para sus habitantes, por lo que no tardó en abandonarse la idea en pos de una vertiente investigativa más económica.

En lo que respecta al alimento que puedan proporcionar, la carne de groaaco es afortunadamente escasa, y aunque para algunos pueda ser considerada como un bocado para los más finos paladares, bajo mi criterio personal he de decir que es, probablemente, lo más nauseabundo que cualquier hijo de Crystaline pueda echarse a la boca. De hecho, como lysandro de ciencia pongo seriamente en duda que tal bazofia pueda ser considerada un alimento.

Cabe también el mencionar que el estómago del groaaco produce un ácido muy potente con el objetivo de disolver su peculiar alimento. Los boticarios de todo Gloom refinan esta sustancia, llevando al punto de ebullición y, una vez limpiadas sus impurezas, esta es usada para fabricar distintos remedios. Otro uso de la misma es la elaboración de una bebida alcohólica conocida como fuego de groaaco, que es destilada a partir de la fermentación del líquido anteriormente mencionado. Este brebaje resulta extraordinariamente agresivo para el organismo lysandre, por lo que sólo los más brutos y osados entre los lysandros son capaces de ingerirlo. 



Svamps


Los svamps son el pilar sobre el que se sostiene toda la vida en Gloom. Estos hongos gigantes son los responsables de proporcionar el aire necesario para la subsistencia de las criaturas que habitan el mundo subterráneo.

Desde la Creación han existido en Gloom grandes bosques de svamps, sin embargo, con el paso de los ciclos su número disminuyen de una forma alarmante. Este desafortunado suceso se debe a tres razones. En primer lugar, por las razones vistas anteriormente, los groaacos tienden a derribar svamps cerca de su territorio. En segundo lugar, muchos de los hongos más ancianos se ven aquejados por una extraña enfermedad que los emponzoña y marchita; por el momento no he sido capaz de determinar el origen de su mal. La tercera y última razón somos nosotros, los propios lysandros.

La tala de svamps es un acto común desde los albores de la historia lysandre. De su áspero tallo es posible extraer una sólida sustancia muy útil para la talla y como combustible por su rápida ignición. Hay incluso antiguos testimonios y dibujos que presentan a los lysandros de Silveren alimentándose de la correosa e insípida materia que se encuentra en el interior de su tallo. Por suerte, en la actualidad esta práctica ha sido reducida hasta mínimos bajo el férreo control de los Oscuros, pues hasta ellos comprenden la importancia de mantener los bosques de svamps. Al fin y al cabo, es de ellos de quienes depende la supervivencia de todo Gloom. 

*Mi ayudante, Micra, una garip de buena reputación, afirma haber visto mediante el uso de su poder una especie de “esferas amorfas” sobre la superficie de los hongos enfermos. Soy incapaz de discernir si es cierto lo que tan fervientemente afirma o si se trata de una tomadura de mechón, pero desde luego, ella es insistente al afirmar que son estas esferas aquellas que causan la enfermedad. 

martes, 3 de noviembre de 2020

Guía de viaje del Padre Stone - Vuelta 8 - Forgiven Desencadenada


La "Guía de viaje del Padre Stone" es el nombre que reciben una serie de posts de género fantástico-medieval, pertenecientes a la saga de relatos: Forgiven Desecadenada, que se haya ambientada en un mundo de creación propia llamado Gloom.

Si este es el primer relato que habéis encontrado de la sección os invito a leer la introducción a la misma aquí. Si deseáis empezar directamente a leer desde el primer capítulo podréis hacerlo desde este enlace. Y si en cambio queréis echar un vistazo a todos los capítulos publicados hasta la fecha, podréis hacerlo aquí o pulsando en "Guía de viaje del Padre Stone"  en las Categorías del blog, a la derecha de esta entrada. 

------------------------------------------------------------

Octava Vuelta

"Y así, con Crystaline guiando nuestros pasos, ambos sacerdotes escapamos del Infierno".



Voluble es el favor de los dioses. 

                                                                                                     Corrió hasta llegar a la posada.

Inescrutables son sus designios. 

Cerró la puerta de su alcoba.

Y, aun así, ¿quién de entre todos los mortales puede tener la osadía de llamarse el Elegido?

Lloró al escribir por última vez.

¿Quién posee la voluntad para proclamarse su paladín?

Observó su reflejo en el cristal.

¿Cuál ha de ser su tarea?

Sacó el argem y la daga de su túnica.

¿Cuán libre es de decidir su camino?

Miró con odio a ambos.

¿Es el destino inevitable o una mera expresión de los deseos de los dioses?

Suplicó en silencio una respuesta.

¿Puede un simple mortal ser su sagrado instrumento?

Hundió la daga en su pecho.

¿Hay sólo tinieblas tras la muerte?

Dejó de latir su corazón.


En mi sueño me vi a mí mismo en el interior de una pirámide de grandes dimensiones, de paredes de cristal y relucientes aristas de argem. No había decoración en aquel lugar, no había lujo alguno, sólo una armoniosa música de campanas llenaba la pirámide y hacía vibrar dulcemente aquel paraíso de fino espejo.

Paz. Libre ahora de las distracciones de mi cuerpo y sus pasiones, la paz se alojó sobre mi ánimo como el dulce manto de una madre.

Ambrosía.

Supe en aquel momento que me hallaba en la Tierra de los Dioses y que Dios me había transportado a su propio corazón.

Comulgué, dejando reposar al fin mi torturada mente. Mis preocupaciones, pasiones e inquietudes se desvanecieron ante la melodía que una vez nos había visto nacer. Esta era la paz que tanto tiempo había buscado. En la muerte, mi alma se había reencontrado con Crystaline.

Cerré los ojos y me dejé llevar por ella. De mi piel surgió una luminiscencia similar a la de una pequeña llama que prendió mi cuerpo y limpió mi alma. No temí, pues en su fuego dorado sólo ardían los pecadores.

Sumido en mi plácida calma pudieron pasar vueltas mayores, deciclos o cientos de ciclos florales.

Pero ni siquiera en el reino de los dioses podría descansar eternamente, pues mi descanso fue alterado por una pequeña veta negra que apareció en uno de los extremos del poliedro. Me resistí a abrir los ojos, pero no me hizo falta. Sentí cómo la pirámide se oscurecía como si yo mismo fuera parte de ella.

Pronto, esa diminuta mancha se ramificó y la oscuridad comenzó a ensombrecer por completo uno de los vértices de cristal. Brillante polvo de argem cayó sobre mi cabeza. La armonía de las campanas se descompasó, y su melodía tenía ahora un tono alarmante. La pirámide se estaba quebrando.

Blasfemia. En el exterior de la pirámide, envuelto en penumbra, se encontraba el abominable causante de este mal. El odioso traidor. El Padre Venerable Puro.

Sus manos extendidas despedían la oscuridad que en forma de vetas negras cubría y quebraba la pirámide. El hereje sonreía con sus pequeños ojos clavados en mí al otro lado del cristal transparente. Sangraba, y el espeso líquido que caía por todos los orificios de su cuerpo avanzaba dispuesto a sofocar toda luz todo a su paso. Su pelo cano ya no era gris, sino de un blanco pálido.

Era un servidor de El Negro. Siempre lo supe.

Las tinieblas cubrieron por completo el exterior de la pirámide y la constreñían como una serpiente hace con su presa. Las campanas sonaban ahora tan tenues que apenas eran inaudibles. La brillante luminiscencia del cristal titilaba y amenazaba con extinguirse. Gemí de angustia. ¿Qué podía hacer yo contra tan terrible mal?

Entonces lo supe. Crystaline me había dado la respuesta.

Convoqué a Dios y de mis manos surgió un orbe llameante de luz dorada. Sentí el poder del Dios del Cristal entre mis dedos, pugnando por salir de ellos. Sentí la energía que me embargaba al usar el Don de Proto, aunque de forma más límpida y pura. Pero, sobre todo, sentí paz.

Alcé mis manos hacia la pirámide y el fuego dorado escapó como un torrente, haciendo retroceder con su luz a las sombras que se alejaron heridas de la pirámide. Mis ojos fueron cegados y apenas fui capaz de ver cómo el traidor Puro era consumido por el fulgor divino antes de desvanecerme.

***

Desperté hecho un ovillo en el frío suelo de piedra. Ni en mi pecho ni en mi túnica había agujero alguno, pero la sangre en la daga de la sacerdotisa de El Negro no dejaba lugar a dudas.

Había muerto y Crystaline me había traído de vuelta.

Alcancé el espejo con ansia y miré mi cuello. La cicatriz había desaparecido y toda mi piel brillaba con el resplandor de un argem repleto de energía. Volvía a tener mi don. Me sentí rebosante de poder, como si un fragmento de su alma se hubiera quedado conmigo para guiar los pasos de mi renacimiento. Pero eso no era todo.

Los ojos que me devolvieron la mirada no eran de mi natural color cobalto. Eran dorados, y resplandecían como el poder de la llama que en mi sueño había salido de mis manos.

No. No fue un sueño. Fue una revelación, una profecía.

Crystaline me había mostrado lo que estaba escrito. Lo que debía ser.

Y me había escogido a mí para llevarlo a cabo.

Stone había muerto a la séptima Vuelta de su llegada a Forgiven.

Golden es el nombre de aquel que ha renacido. El Elegido de Crystaline.

Y tenía una misión.

***

Me temo que os debo una explicación, queridos lysandros, pues parece haber pasado toda una vida desde la última vez que tomé la pluma para dirigirme a vosotros. ¡Oh, cuántos y qué intensos han sido los últimos acontecimientos!

De hecho, aunque me encontrara escribiendo estas palabras en el Kandro Feliz justo tras mi milagrosa resurrección tendría mucho que contaros sobre la vergonzosa nota que escribí y los sucesos que llevaron a ella. Pero ese no es el caso.

Me encuentro por segunda vez en muy poco tiempo en la botica de Galeno, el único lysandro que ejerce los servicios de curandero en Forgiven. No niego que el maestro cirujano ejerce su labor con mucha destreza, al fin y al cabo, fue capaz de coser notablemente bien mi cuello de la terrible llaga que esos malditos de la Mano Negra me habían infringido. Como Garip, su poder medicinal está muy por encima de cualquier auxilio que Vanish o sus esclavos pudieran haberme dado, y puede que incluso sea superior a una plegaria a la Madre de los Dioses. Pero de ahí a haberme mandado unas vueltas de reposo...maldito vejestorio.

No entiende que las quemaduras de mi cuerpo ya casi han sanado por completo. No entendió cuando le expliqué que la energía de los argems fue la que me mantuvo en pie cargándonos a mí y a mi compañero hasta llegar a la puerta de la botica. No entiende por qué mis ojos han cambiado de color, ni por qué insisto en que me llame Golden.

No entiende nada. Pero supongo que vosotros tampoco. 

Es natural. Como ya he dicho, os debo una explicación. 


El posadero de El Cáliz nos dijo a Armour, Vanish y a mí que Puñal se había reunido con unos compañeros de viaje en la posada hacía unas cuantas vueltas menores. Tras pagar su estancia, ensillaron sus kandros y partieron en dirección a las puertas de la ciudad.

Ante la insistencia de Armour, el posadero recordó que Puñal portaba una lujosa espada larga en su cinto, adornada su empuñadura con plata y esmeralda.

Tenían a Mason.

No perdimos el tiempo y partimos de inmediato, ensillando nuestros propios kandros nos dirigimos en la dirección que nos señaló el posadero: el camino de Risen. Debíamos cabalgar veloces si pretendíamos alcanzarlos, nos llevaban muchas vueltas de ventaja.

Nuestro kandro no era especialmente robusto, pero sí lo suficiente como para cargar con el ligero Vanish y conmigo. Tomé las riendas y espoleé a la pobre criatura hasta que agrieté sus escamas con mis espuelas.

Armour nos siguió cabalgando su propia montura. Su kandro siseaba y babeaba, molesto, no debía ser agradable mantener esa velocidad soportando el peso de la fornida lysandre y su pesada armadura de mallas.

Con la ayuda de Crystaline logramos alcanzar a los fugitivos a la altura de un escarpado desfiladero no muy lejano de la puerta de la ciudad. Los cinco jinetes de kandro habían avanzado de forma despreocupada, desconociendo que los perseguíamos. Al ver que nos aproximábamos galopando por el horizonte uno de ellos dio la voz de alarma. Cuando la distancia fue más próxima logré reconocer los tatuajes en sus brazos y piernas. Mi diagnóstico había sido acertado. Eran ladrones de la Mano Negra. 

Apenas necesitaron hablar entre ellos. Su jefe, al que reconocí como Puñal por la espada que colgaba al cinto, arreó a su kandro y emprendió la carrera con su insólito rehén. El resto bajaron de sus monturas y se encararon hacia nosotros, desenvainando sus armas. Sabían que nos superaban en número. Nos matarían sin poner en peligro al prisionero o su recompensa. Su plan era sencillo.

Pero ellos no contaban con Vanish, y a decir verdad yo tampoco. 

Todavía sigo preguntándome cómo lo hizo. No lo vi desaparecer de mi kandro, tan sólo escuché el aire vibrando tras de mí y sentí cómo la bestia se aligeraba al desaparecer su peso.

La siguiente vez que lo vi estaba en uno de los kandros de los ladrones. Cogió las riendas y espoleó su montura en persecución de Puñal. 

Me asusté. Ese poder ni de lejos era uno de los más elementales. En el combate vi a Armour invocando un vendaval para quitarse de encima a un ladrón y a su contrincante defendiéndose con una pantalla de agua. Piedra, aire, agua y fuego. Esos eran los poderes que habían sido concedidos a los lysandros.

Pero Vanish... ¿es posible que tuviera alguna de las Ancestrales? La Espada Dimensional o quizá la Alquímica podrían haber hecho lo que él hizo. Quizá. No estoy seguro.

¿Qué otra explicación hay?

En el momento miré con terror el pelo de su cabeza, esperando encontrarme que había revelado su total palidez, confesando su naturaleza como Oscuro. Pero su cabello permanecía tan oscuro como el negro tizón, el único destello blanco de su pelo provenía de un solitario bucle en la parte de atrás de su cogote, como el de cualquier otro lysandro.

Vanish no es un Oscuro, pero tampoco un Portador. Ha de ser un Garip, es la única explicación posible a su magia. Pero su poder es demasiado útil, demasiado peligroso. ¿Cómo es posible que no haya sido llevado a la Ciudadela como Tributo de Sangre? 

Por insólita que sea su magia, mi compañero parece capaz de controlarla. Fue gracias a él que recuperamos a Mason y logramos vencer a los asesinos de la Mano Negra. No he preguntado al respecto, pero sé que fue él y no Armour quien salvó mi vida cuando caí herido en el combate

Así es, queridos compañeros, perdí la consciencia cuando una perversa daga atravesó mi cuello en un golpe que pensé que era mortal. Fue así como acabé por primera vez en el negocio de Galeno, y fue él quien aprovechó las vueltas que pasé inconsciente para sanar la herida que me había cercenado las cuerdas vocales. Pero por buena que fuera su magia, no era capaz de obrar milagros.

Cuando traté de hablar no fue mi voz la que emergió de mi lacerada garganta. Fue un estertor roto. Una muda mutilación. Un grito afónico.

Descuartizado. Vacío. Roto. Inservible.

Esa y no otra fue la razón que me llevó a tomar la terrible decisión de acabar con mi propia vida.

La voz de un sacerdote de Crystaline es, sobre sus manos o sus ojos, su don más preciado, especialmente para un confesor. Sin ella jamás sería capaz de ejercer mi profesión, de cumplir con la Primera Regla, de elevar mis plegarias a la tierra de los dioses, de convocar el sagrado Don de Proto. Un fiel del Dios del Cristal dotado con una locuaz lengua de plata es mucho más que un regalo, es una bendición de los dioses. Es mediante el habla y ninguna otra arte la forma apropiada de transmitir los conocimientos y relatar las más importantes historias.

Es mediante mi voz como rompería las cadenas de los esclavos.

Y me la habían arrebatado.

Puede que pese a comprender esto no entendáis las razones por las que escribí esa vergonzosa nota y me encomendé a Crystaline antes de clavar la daga en mi pecho. 

Fue el destino que los dioses me habían reservado.

Fue la voluntad de Crystaline que muriera para renacer como su Elegido.

Puede que no lo comprendáis nunca.

Al fin y al cabo, ¿no son sus designios inescrutables?


Cuando desperté como Golden y escuché mi voz restaurada por completo no pude sino llorar doradas lágrimas de alivio. Como no podía ser de otro modo, mis primeras palabras como Elegido de Crystaline fueron una plegaria de agradecimiento. 

Salí de mi habitación de muy buen humor. El dios había tenido la generosidad de recargar de energía todos mis argems, incluso aquellos que, por no ser negros, eran inútiles para mi poder de tierra. Mi bolsa de tierra brillaba con luces brunas, violetas, azules y rojas, y creo que fue esa visión la que me llenó de gozo. 

En la planta baja del Kandro Feliz se encontraba Flames, el tabernero, que me saludó con una sonrisa y me ofreció una suculenta morcilla de rata, que no dudé en devorar. Estaba hambriento. Fue en mitad de mi comida cuando el buen lysandro se percató de que el color de mi iris había cambiado y casi pegó un respingo de la sorpresa. Yo me limité a quitarle importancia, divertido, y pregunté por el paradero de mis socios, Vanish y Forgeron.

Nada sabía Flames de Forgeron, que no había vuelto desde que dos Vueltas Mayores atrás partimos en la búsqueda de Mason hacia las canteras. Tampoco sabía nada de Vanish, al que no veía desde que ambos marchamos de allí temprano la Vuelta pasada en nuestro segundo intento de buscar al Notable. 

Ello significaba que Vanish no había vuelto a la posada tras llevarme con Galeno, por lo que el plan seguía en marcha. Si todo había funcionado según lo previsto, Vanish se habría ocupado de acabar con el Consejero de Canteras para ir más tarde a la mansión de hueso de Vice y notificar al Notable la triste noticia de que la muerte de su socio había sido inevitable. De esta forma Vice necesitaría un nuevo socio, uno que ya hubiera mostrado su lealtad y valía. Uno capaz de ocupar el antiguo puesto del paranoico Mason. 

Descuidadamente pregunté a Flames si sabía algún rumor sobre los Notables Mason, Vice y su nuevo socio, sin embargo, el afable rostro del tabernero se ensombreció de pronto. Claro que lo sabía, las medidas del Oscuro de Forgiven contra los rumores no eran más que palabras vacías. Todo el mundo en la ciudad sabía que Vice había traicionado a los esclavistas Mason y Fade.

Dejando mi comida a la mitad, corrí hacia Ciudad Alta para asegurarme por mí mismo. 

Maldición. No podía ser cierto. No podía haber conspirado contra nosotros en tan poco tiempo. No podía habérsenos adelantado.

Pero lo había hecho. 

La orgullosa fortaleza de sílex y hueso del Notable Mason no eran más que un montón de ruinas. Como si hubiese sido presa de un terremoto, del opulento torreón no quedaba piedra sobre piedra. Casi parecía como si un dios hubiera jugado a desmontar las imponentes murallas y hubiera desperdigado sus cimientos por toda la finca. Vice habría tenido que emplear a docenas de lysandros con poder de tierra para lograr tal destrucción. Pero tal desolación no sólo era obra de la magia. Los malogrados escombros estaban completamente cubiertos de cenizas y sangre fresca. Los restos de sus defensores.

El número de cadáveres entre esclavos y lysandros era tal que los sacerdotes de El Negro habían tenido que traer varias carretas para transportarlos al templo. En uno de ellos distinguí con horror el hacha ensangrentada de Armour.

Y fue allí de pie, contemplando como los encapuchados servidores del Rey de los Dioses recogían esa inacabable marea de cuerpos, cuando me sobrevino una segunda revelación y algo en mi mente pareció encajar. 

Había estado delante y lo había ignorado. Los dioses me habían ofrecido la respuesta y había sido demasiado estúpido como para comprenderlo entonces. Pero ahora que sé que cuento con el favor de Crystaline nada puede escapar a la agilidad de mi mente u ocultarse de mis ojos de oro. 

Marché de allí y me encomendé al Dios del Cristal, pues necesitaría su llama para la temeridad que me disponía a llevar a cabo en su nombre. 


Parado frente a la puerta del local contuve mis emociones inspirando siete veces. Habría de ser más rápido que ellos, no estaba dispuesto a morir por segunda vez en aquella Vuelta Mayor.

Mente fría y corazón ardiente. Así es como debía luchar.

Esta vez sería yo quien atacara primero.

Entré en El Vergel como una exhalación y sin tocar la puerta de piedra la lancé hacia el interior como una avalancha de rocas hacia las endemoniadas sombras que allí se hallaban.

Los sacerdotes de El Negro esquivaron mi proyectil moviéndose con destreza, casi como si me hubieran estado esperando en el interior de la taberna. Demonios. 

Wraith y Fear, esos eran los nombres de aquellas sombras que habían confesado el rapto de mi hermano Somnus. Bebían viciosamente en jarras de vino mientras intimidaban al pobre posadero con palabras malditas y dagas afiladas. Desde mi primera visita supe que en ese lugar se ocultaba algo. ¿Cómo había estado tan ciego?

Les desafié y mi voz resonó clara en la taberna aumentada su magnitud por el Don de Proto. Les exigí que me devolvieran a Somnus, pues esa era la voluntad de Crystaline y yo su paladín. No podrían impedir que me lo llevara, sus míseras vidas no serían las primeras que arrebatara en su nombre. 

Pero ellos lo sabían, por supuesto que lo hacían, Wraith había sido el artífice de todo, aquel que en mi primera visita a El Vergel había instigado a esas primeras sombras para que me alejaran de allí. Fue inteligente, lo reconozco, pero ese demonio me había subestimado.

No pensó que me defendería, igual que no pensó en que volvería a por ellos.

Wraith y Fear se rieron de mi desafío, se encomendaron a su dios y desenvainaron sus curvas dagas antes de abalanzarse contra mí. Corrían, pero eso sólo lo haría más interesante. 

Me bastó con mirar al posadero para que se ocultase detrás de la barra.

Un pensamiento.

La roca bajo los pies de Fear detonó con un sonoro estallido. La explosión convirtió sus piernas en pedazos sanguinolentos y clavó un enorme trozo de metralla en su torso, que parecía atravesado por una estalagmita. Murió al instante.

Wraith resultó ser más escurridizo. Había logrado apartarse a tiempo del radio de la explosión, por lo que apenas arañaron su piel un par de guijarros. Se ocultó entre la nube de polvo que había generado mi magia y usó su poder para convocar dos torrentes de fuego y lanzarlos contra mí. 

Nada más ver cómo los proyectiles salían de entre la polvareda intenté hacerme a un lado para esquivarlos, pero fui demasiado lento. Grité mientras las llamas prendían mi túnica y abrasaban mi piel. Me eché al suelo, tratando de rodar para extinguir el fuego. 

Pero el demonio no pensaba darme tregua, y aprovechó que estaba indefenso para arrastrarse tosiendo fuera de la nube de polvo y propinarme un torpe golpe con su afilada arma.

Interpuse el brazo en el camino del acero hacia mi estómago y ambos forcejeamos sobre un creciente charco de mi propia sangre. La bolsa de argems se abrió, derramando su valioso contenido de cristales relucientes. Wraith y yo vociferábamos, maldecíamos y nos escupíamos mutuamente mientras luchábamos por acabar el uno con el otro. No todos los combates son elegantes.

Ya sentía como mis fuerzas comenzaban a flaquear ante la superioridad física de mi contrincante, cuando noté que los argems a nuestro alrededor perdían luminosidad al tiempo que un nuevo vigor envolvía mis extremidades. Pegué un poderoso empellón a Wraith y lo mandé volando al otro extremo de la taberna, donde cayó como un muñeco de trapo. El dolor de mis heridas había desaparecido. 

Inspiré siete profundas veces y me alcé del suelo con una facilidad pasmosa. Brillaba. Al igual que en el sueño, mi piel resplandecía con la luz de la llama de Crystaline. Los argems, fragmentos de esencia divina, me otorgaban su divina energía para derrotar a mis enemigos. Era imposible, no había lysandro capaz de hacer algo así. 

Pero yo soy el Elegido de Crystaline

Con la túnica manchada de sangre y los iris chispeando destellos de oro me acerqué al agonizante Wraith, que me contemplaba atónito como si el Dios de Cristal hubiera retornado al mundo.

No se equivocaba del todo.

Encontré al moribundo Somnus en la trastienda de la posada. Deliraba entre susurros, por lo que dudo que pudiera reconocerme. Las múltiples quemaduras y cicatrices que plagaban su piel reflejaban que había sido torturado por aquellos dos demonios durante incontables Vueltas Mayores. 

Deshice sus ataduras y con dificultad eché a mi hermano al hombro. Somnus había sido corpulento una vez, pero ahora los evidentes signos de la malnutrición habían hecho mella en su maltratado cuerpo. No me habría costado cargar con él para sacarlo de allí en circunstancias normales, sin embargo, poco a poco el vigor de los argems comenzaba a desaparecer de mis músculos, a la vez que retornaba el lacerante dolor de las quemaduras que Wraith me había provocado.

Debía llegar a la botica de Galeno antes de que fuera demasiado tarde. 

No tenía mucho tiempo. 

Me forcé en dar un primer paso. Gruñí mientras daba el segundo. Ahogué un grito al dar el tercero.

Y así, con Crystaline guiando nuestros pasos, ambos sacerdotes escapamos de ese Infierno.

viernes, 23 de octubre de 2020

Biología gloomita-Capítulo 8


Serpiente


Autor: yw tang

Las serpientes son unos reptiles de cuerpo alargado, con unas escamas de un color entre blanco y grisáceo. Estos seres carecen de patas, pero parecen poder desplazarse por medio de movimientos ondulantes que realizan con su propio cuerpo. Pueden alcanzar un tamaño considerable, pues en su longitud una serpiente puede medir casi lo mismo que dos lysandros, aunque en altura apenas sea capaz de alcanzar el tobillo de un adulto.

Estos ofidios, a diferencia de sus parientes marinos, no suelen alejarse mucho de sus nidos bajo tierra, situados en los numerosos recovecos que ofrece el suelo de Gloom.

Las serpientes, a pesar de ser superadas en tamaño por prácticamente cualquier criatura terrestre, pueden engullir con facilidad el cuerpo completo de ratas y kandros. Consiguen realizar esta proeza con su peculiar habilidad de desencajar su propia mandíbula unida a la capacidad elástica de sus músculos. Otra cualidad interesante de las serpientes es su vista, si bien poseen dos ojos estos no son su fuente visión principal. Con su hocico, estos reptiles son capaces de captar distintas fuentes de calor, sin importar lo que haya en medio. Además, esta visión calorífica funciona en un ángulo de trescientos sesenta grados, dando a la serpiente información de lo que hay a su alrededor en un área de aproximadamente unos veinte metros.

No son criaturas agresivas, pues sólo atacan cuando se sienten amenazadas o buscan comida, no obstante, eso no hace que no sean seres que temer. Poseen una gran fuerza constrictora y cuatro grandes colmillos con los que atacar a su incauta presa, además de la posibilidad de saltar haciendo fuerza con su cuerpo, abalanzándose sobre su enemigo a una velocidad sorprendente en un animal de sangre fría. Antes de atacar a una posible amenaza, la serpiente se enroscará sobre sí misma y empezará a emitir un sonido zumbante a la vez que mueve su cola, que comenzará a emitir luz amarilla en su punta.

*Sospecho que con esta conducta las serpientes están tratando imitar el sonido y el movimiento de una luciérnaga, lo que es un mecanismo disuasorio bastante eficaz. Cualquier criatura viva de Gloom sabe que debe mantenerse alejada de las luciérnagas si quiere sobrevivir en el desierto pedregoso.

Nuevamente, como es costumbre en la fauna, las hembras son especímenes mayores en tamaño que los machos. Tras la cópula, las serpientes depositan sus huevos al cabo de un deciclo, tras esto a los huevos no les tomara más de 10 vueltas para eclosionar.

La carne de las serpientes resulta bastante agradable al paladar, aunque no se suele comer mucho en las ciudades (ya que existen mejores opciones). Normalmente su carne suele aprovecharse como fuente de alimento entre los viajeros que las cazan cuando andan escasos de víveres en los largos viajes entre ciudades. Sus huevos, por otro lado, llegan a ser considerados una comida especialmente sabrosa a la par que nutritiva, pero son difíciles de conseguir debido a su corto periodo de incubación. A lo largo de los ciclos se ha intentado domesticar serpientes, si bien han existido resultados exitosos siempre existe el mismo problema: las serpientes domésticas parecen negarse a copular, y mucho me temo que desconozco el motivo.

 

 

Keule


Un keule es un pequeño mamífero volador de amplias alas membranosas. Poco más grande que un Phoenicopterus, esta criatura lleva una tranquila vida en los túneles y cavernas de las zonas más montañosas de la Sierra Sombría y las Montañas Grises.

Pasan la mayor parte de sus cortas vidas durmiendo, colgados boca abajo en las estalactitas que penden del techo de las cuevas. Suelen vivir en enjambres y sólo despiertan una vez cada deciclo para alimentarse.

Lo keule son otro de los grandes misterios de Gloom. Debido a lo poco común que es verlos no tenemos datos sobre su conducta, apareamiento, etc. Aun así, hay algo que sí que sabemos y solo este hecho vuelve a estos seres algo extremadamente excepcional, su método de alimentación. Comen luciérnagas al igual que los phoenicopterus, pero donde los phoenicopterus solo producen un olor que evita que las luciérnagas les ataquen, los keule también pueden segregar una sustancia que las atrae. En complicadas cirugías utilizando los cadáveres de estos seres, hemos logrado extraer algo de dicha sustancia. El almizcle resulta extremadamente potente, y si se aplica sobre alguna superficie expuesta al aire libre, el enjambre de luciérnagas que más cerca se encuentre aparecerá tarde o temprano.

Hemos de estar agradecidos de que los keule sean poco habituales y de que aniden tan lejos de las ciudades, pues de lo contrario correríamos el severo riesgo de ser atacados constantemente por nubes de luciérnagas atraídas por ellos.